¿Se puede descubrir el autismo en la edad adulta?
Sí, y cada vez más. El autismo en adultos es una realidad en Navarra como en cualquier otro sitio: personas que llegan a los 25, a los 40 o a los 55 años sin diagnóstico y que, al leer sobre autismo o cuando diagnostican a un hijo, se reconocen en muchas cosas.
Suelen ser casos que pasaron desapercibidos por dos motivos. Uno, porque de niños no tuvieron muchas necesidades: sacaban el colegio adelante, hablaban bien y nadie vio motivo para preocuparse. Dos, porque se mimetizaron con sus iguales: aprendieron a copiar cómo se comportaban los demás para no destacar, con un esfuerzo enorme del que nadie se daba cuenta.
Te digo desde el principio dos cosas para que no haya malentendidos: yo no hago el diagnóstico clínico, y trabajo solo de forma presencial, en mi consulta de Pamplona. Más abajo te explico qué sí puedo hacer por ti.
La etiqueta de «raro» que arrastran muchos adultos con autismo
Muchos adultos que vienen a mi consulta han oído toda la vida que eran «raros», «especiales», «demasiado sensibles» o «bordes». Nadie les dio otra explicación, así que acabaron creyéndosela y pensando que el problema era de carácter o de falta de voluntad.
Entender que tu forma de procesar el mundo tiene una explicación cambia mucho las cosas. No borra lo vivido, pero permite mirarlo de otra manera: la dificultad para seguir conversaciones en grupo, el agotamiento después de un día con mucha gente, la necesidad de rutinas o la incomodidad con ciertos ruidos y texturas dejan de ser defectos personales y pasan a ser rasgos que se pueden entender y gestionar.
¿Por qué el autismo en mujeres se diagnostica menos?
El autismo está infradiagnosticado en mujeres. Durante años, la imagen del autismo se construyó sobre todo a partir de niños varones, y muchas niñas con autismo no encajaban en ese retrato.
Influye mucho el camuflaje, también llamado masking: observar a los demás e imitar sus gestos, sus expresiones y su forma de hablar para no llamar la atención. Muchas mujeres con autismo lo hacen tan bien que ni su familia ni sus profesores sospecharon nada. El precio llega después: cansancio extremo, ansiedad, sensación de vivir actuando y, a veces, diagnósticos previos de ansiedad o depresión que explicaban solo una parte de lo que les pasaba.
Si te reconoces en esto, merece la pena explorarlo con calma y con alguien que conozca cómo se presenta el autismo en mujeres.
¿Qué señales llevan a un adulto a consultar?
No hay una lista que sirva para todo el mundo, pero estas son algunas de las cosas que más escucho en consulta:
- Te agotan las situaciones sociales aunque te salgan bien, y necesitas mucho tiempo a solas para recuperarte.
- Te cuesta entender las indirectas, los dobles sentidos o qué se espera de ti en ciertas situaciones.
- Los cambios imprevistos te desestabilizan más de lo que te gustaría.
- Hay ruidos, luces, tejidos o sabores que te resultan muy molestos.
- Tienes intereses muy intensos en los que te sumerges durante horas.
- Sientes que llevas toda la vida observando a los demás para saber cómo comportarte.
- Han diagnosticado autismo a tu hijo o a tu hija y te has reconocido en muchas cosas.
Ninguna de estas señales, por sí sola, significa que tengas autismo. Son motivos razonables para consultar.
Todos nos identificamos con algún rasgo: por qué hacen falta criterios
Cuando lees sobre autismo es fácil verse reflejado. Le pasa a casi todo el mundo, y no solo con el autismo: si lees sobre ansiedad, sobre TDAH o sobre cualquier otro trastorno, también te vas a sentir identificado en muchas cosas. Compartimos conductas con casi todos.
Para hablar de autismo no basta con tener algunos rasgos. Se tienen que cumplir unos criterios concretos: dificultades persistentes en la comunicación y la interacción social, y patrones de conducta, intereses o actividades restringidos y repetitivos, presentes desde las primeras etapas del desarrollo (aunque a veces no se hagan evidentes hasta más tarde) y que afecten de forma importante a la vida diaria. Puedes tener conductas «de autismo» sin tener autismo. Te lo explico con más detalle en qué es el autismo.
Por eso no tiene sentido sacar conclusiones con un test de internet. Lo que sí tiene sentido es una valoración hecha con tiempo y con criterio profesional.
¿Qué puedo hacer por ti en consulta?
Como psicóloga sanitaria con más de 10 años de trabajo con personas con autismo, te ofrezco tres cosas:
- Una valoración. Hablamos de tu historia, desde la infancia hasta hoy, de lo que te cuesta y de lo que te funciona, y analizo si lo que describes encaja con un perfil de autismo o si apunta hacia otra explicación.
- Un informe sanitario. Si tiene sentido, redacto un informe como psicóloga sanitaria que puedes llevar a tu médico de cabecera para avanzar hacia un diagnóstico. No es un diagnóstico clínico, pero ordena la información y ayuda a que tu caso se valore con más datos. Te explico el proceso en cómo se consigue el diagnóstico de autismo.
- Terapia. Con diagnóstico o sin él, podemos trabajar lo que hoy te pesa.
¿Qué se trabaja en terapia con un adulto con autismo?
Trabajo con un enfoque cognitivo-conductual, adaptado a cómo procesas tú la información. No se trata de que dejes de ser quien eres ni de que aprendas a camuflarte mejor, sino de que vivas con menos desgaste. Según lo que necesites, nos centramos en:
- Ansiedad social: preparar las situaciones que te cuestan, entender qué ocurre en ellas y tener estrategias para cuando te saturas.
- Organización: planificar el día, el trabajo o las tareas de casa con apoyos que te sirvan a ti.
- Comunicación: pedir lo que necesitas, poner límites y entender mejor las conversaciones y los malentendidos.
- Entender tu propio funcionamiento: qué te sobrecarga, qué te ayuda a regularte y cómo explicarlo a tu pareja, a tu familia o en el trabajo.
- Emociones: identificarlas y ponerles nombre. Muchas personas con autismo las sienten con mucha intensidad aunque les cueste explicarlas. Lo cuento en emociones y autismo.
¿Y si al final no es autismo?
Puede pasar, y también es una respuesta útil. A veces la valoración apunta a ansiedad, a TDAH, a altas capacidades o a una combinación de varias cosas. Te lo diré con la misma claridad y, si hace falta, te orientaré hacia el profesional adecuado.
Lo importante es que salgas de la consulta entendiendo mejor qué te pasa y con un plan para lo siguiente. Si quieres saber más sobre mí antes de pedir cita, en sobre mí te cuento mi trayectoria.