¿Por qué hace falta una metodología de aprendizaje distinta en el autismo?
Muchos niños aprenden casi sin que nadie les enseñe: miran a los demás, copian, preguntan y van entendiendo. En el autismo, ese aprendizaje espontáneo a veces no se da de la misma manera. La atención se reparte de otra forma, la información visual pesa más que la verbal y ponerse en el lugar del otro cuesta.
Por eso, cuando hablo de metodología de aprendizaje en el autismo, hablo de adaptar la forma de enseñar, no de enseñar menos. Se trata de organizar el entorno, presentar la información de manera clara y dar los apoyos justos para que la persona aprenda y luego pueda hacerlo sola.
¿Cuáles son las principales metodologías de aprendizaje?
Te las explico de forma general, como información. No son excluyentes, y en la práctica se combinan:
Enseñanza estructurada
Organiza el espacio, el tiempo y las tareas para que la persona sepa qué tiene que hacer, cuánto dura, cuándo termina y qué viene después. Se asocia sobre todo al programa TEACCH, aunque sus principios se usan en muchas aulas y consultas.
Apoyos visuales
Agendas, pictogramas, secuencias o historias sociales. Hacen visible lo que normalmente se explica con palabras.
Aprendizaje sin error
Se dan las ayudas necesarias para que la persona acierte desde el principio y se van retirando poco a poco. Así se evita la frustración y que aprenda la respuesta incorrecta.
Moldeado
Se refuerzan los intentos que se van acercando a la conducta que buscamos, aunque al principio no sean perfectos. También se habla de moldeado cuando guiamos físicamente a la persona, por ejemplo llevándole la mano, para que haga el movimiento correcto.
Encadenamiento
Una tarea larga, como vestirse, se divide en pasos y se enseñan uno a uno. A veces se empieza por el último paso, para que la persona termine la tarea ella misma y viva el éxito.
Refuerzo
Lo que tiene consecuencias agradables tiende a repetirse. Un elogio, un rato con su juego favorito o una pegatina, según lo que motive a cada uno.
Los intereses como motor
Si le apasionan los trenes, los dinosaurios o los planetas, esos temas pueden ser la puerta para trabajar lectura, conteo o conversación. Lo hago mucho en lectura global.
Aprendizaje cooperativo
Aprender en pequeños grupos con un objetivo común, con roles claros. Es útil para practicar habilidades sociales con iguales cuando la persona ya tiene algunas bases.
¿Cómo combino estas metodologías en consulta?
Mi enfoque es cognitivo-conductual, que es la terapia con más evidencia en autismo, y lo combino con herramientas de otras corrientes, como la estimulación sensorial. No aplico un método cerrado a todo el mundo: empiezo con una valoración individualizada y, a partir de ahí, elijo qué recursos encajan con esa persona.
Con un niño pequeño que aún no habla quizá use mucha estructura, apoyos visuales y aprendizaje sin error. Con un adolescente que tiene buen lenguaje pero se pierde en las relaciones, quizá trabaje más la teoría de la mente y el aprendizaje con iguales. Lo que no cambia es el trabajo global en todas las áreas.
Aprendizaje por copia e imitación: lo que hay que tener en cuenta
Muchas personas con autismo aprenden copiando: repiten frases, gestos o secuencias tal y como las han visto u oído. Es una vía de aprendizaje muy valiosa, pero tiene una trampa. Pueden copiar la conducta sin entender el cambio de perspectiva que hay detrás.
Aquí entra la teoría de la mente: la capacidad de entender que el otro ve las cosas desde su lugar, con sus propios pensamientos e intenciones. Si esa capacidad todavía no está desarrollada, la persona puede repetir exactamente lo que ha visto y, aun así, usarlo en el sentido equivocado. Si te interesa este tema, tengo materiales sobre teoría de la mente en mi otra web.
El ejemplo del «tú» y el «yo»
Es un ejemplo que uso mucho con las familias porque se entiende enseguida. Imagina que le preguntas a tu hijo: «¿Quién lo hace, tú o yo?», y mientras dices «tú» le señalas a él.
Puede que responda «tú». No porque quiera que lo hagas tú: lo que quiere es hacerlo él. Ha copiado la palabra que oyó asociada a él mismo. Desde su punto de vista, «tú» es lo que le dicen cuando le señalan, así que «tú» significa «yo». No ha hecho el cambio de perspectiva.
Corregirle con palabras («no se dice tú, se dice yo») suele confundir más. Lo que funciona es moldear tal y como quieres que lo aprenda:
- Cuando tenga que decir «yo», le guías su propia mano para que se señale a sí mismo mientras lo dice.
- Cuando tenga que decir «tú», le guías la mano para que te señale a ti.
- Repites en situaciones cotidianas y vas retirando la ayuda física a medida que lo hace solo.
Así aprende el gesto y la palabra desde su perspectiva, no desde la tuya. Este mismo principio sirve para muchos otros aprendizajes: enseñar la conducta tal y como queremos que la use, no como la ves tú desde fuera.
¿Cómo se generaliza lo aprendido a casa y al colegio?
Una dificultad muy común es que algo aprendido en un sitio no aparece en otro. Lo hace perfecto en consulta y en casa parece que nunca lo ha visto. No es que no lo sepa: le cuesta trasladarlo a otro entorno.
Para que lo aprendido se generalice:
- Practicar en varios lugares y con varias personas, no solo en consulta.
- Usar los mismos apoyos en casa, en el colegio y en terapia: los mismos pictogramas, las mismas palabras, las mismas rutinas.
- Coordinarse con el colegio. Hablar con la tutora o con el orientador del centro ayuda a que todos vayan en la misma dirección.
- Ir variando poco a poco los materiales y las situaciones cuando el aprendizaje ya está asentado.
Por eso doy tanta importancia a la orientación a familias: sois quienes más tiempo pasáis con la persona y quienes podéis convertir cada momento del día en una oportunidad de aprendizaje.