¿Las personas con autismo sienten emociones?
Sí, siempre. Cuando las familias de Pamplona y del resto de Navarra me preguntan por emociones y autismo, les propongo separar dos partes:
- La parte cognitiva: saber qué emoción es, ponerle nombre, relacionarla con lo que la ha provocado y poder explicarla. Aquí puede haber dificultades. Quizá no tienen asociado que esa sensación se llama «enfado» o «miedo», y por eso no pueden elaborar un discurso sobre lo que les pasa.
- La parte conductual: lo que la emoción hace en el cuerpo y en el comportamiento. Esta está presente sí o sí. Quizá no la identifiquen bien, pero la sienten: se nota en cómo se mueven, en lo que evitan, en una rabieta, en una risa que no esperas.
Distinguir las dos partes cambia mucho la forma de mirar. Un niño que no sabe decir «estoy nervioso» no está tranquilo: está nervioso y no tiene palabras para contarlo.
¿Por qué les cuesta identificar y expresar emociones?
Las emociones tienen señales internas (el corazón que se acelera, el estómago encogido, el calor en la cara) y señales externas (la expresión de la cara, el tono de voz, los gestos). Muchas personas con autismo tienen dificultades para leer unas, otras o las dos. Además, las emociones no vienen con instrucciones: aprendemos su nombre porque alguien nos lo dice en el momento justo, y eso exige entender bien el contexto y a la otra persona.
A esto se suma lo sensorial. Si un ruido o una etiqueta en la ropa le está molestando mucho, el malestar puede ser tan grande que tape todo lo demás, y es difícil saber qué parte es emoción y qué parte es sensación.
¿A qué otras áreas afectan las emociones?
Las emociones no son un tema aparte. Están detrás de casi todo lo que trabajo:
- Teoría de la mente: entender que los demás tienen pensamientos y emociones distintos de los míos empieza por reconocer los propios.
- Habilidades sociales: darse cuenta de que un amigo está triste o enfadado ayuda a saber qué hacer o qué decir.
- Comunicación: poder decir «tengo miedo» o «no me gusta» es una herramienta muy potente.
- Conducta: cuando una emoción no se puede nombrar, a menudo sale en forma de conducta. Muchas rabietas son eso.
Cómo trabajo las emociones: identificar, asociar y expresar
En mi consulta lo trabajo en tres pasos, adaptados a cada persona después de una valoración individualizada:
- Identificación. Reconocer emociones básicas (alegría, tristeza, enfado, miedo, calma), primero en fotografías, dibujos y caras conocidas, y después en uno mismo. Empezamos por pocas y bien diferenciadas.
- Asociación. Relacionar cada emoción con lo que la provoca y con lo que se siente en el cuerpo: «cuando me quitan el juguete me enfado», «cuando hay mucho ruido me pongo nervioso».
- Expresión. Darle una forma de comunicarlo que pueda usar en el momento: una palabra, un gesto, un pictograma, un termómetro de emociones o una tarjeta para pedir ayuda o un rato de calma.
No se trata de que aprenda a poner la cara «correcta», sino de que entienda lo que le pasa y pueda decirlo.
Materiales que uso para trabajar las emociones
Los apoyos visuales ayudan mucho porque convierten algo abstracto en algo que se puede ver y señalar. Uso pictogramas, fotografías reales, historias sociales que explican qué hacer cuando sientes algo y cuentos. Uno que funciona muy bien es el cuento de El monstruo de colores con pictogramas, que asocia cada emoción a un color y ayuda a ordenarlas.
Para el paso siguiente, entender lo que piensan y sienten los demás, tienes ejercicios de teoría de la mente en mi otra web. En consulta adapto estos materiales a cada niño: no sirve lo mismo para quien empieza a reconocer caras que para quien ya habla de lo que siente.
Emociones en adultos con autismo: la alexitimia
Muchos adultos que llegan a consulta, a menudo sin diagnóstico, cuentan que les cuesta saber qué sienten hasta que el malestar es muy grande, o que se han sentido «raros» porque no reaccionan como se espera. A veces esto tiene que ver con la alexitimia: una dificultad para identificar y describir las propias emociones. No es un diagnóstico en sí ni es exclusiva del autismo, pero aparece con cierta frecuencia en personas con autismo.
Con adultos el trabajo es parecido en el fondo y distinto en la forma: aprender a leer las señales del cuerpo, ponerles nombre con calma, buscar estrategias de regulación y entender por qué algunas situaciones agotan tanto. Si te ves reflejada o reflejado, en la página de autismo en adultos te cuento cómo trabajo.
Qué puedes hacer en casa
- Pon nombre a las emociones cuando ocurren, también a las tuyas: «estás enfadado porque se ha acabado la tele», «yo estoy contenta porque hemos llegado pronto».
- Usa pocas emociones al principio y siempre las mismas palabras.
- Apóyate en imágenes: un pictograma o una foto se entiende mejor que una explicación larga.
- Habla de emociones en momentos de calma, no en mitad de una crisis.
- No le pidas que explique por qué se siente así si todavía no puede: primero va el nombre, luego el porqué.