¿Hay conductas que tengan todas las personas con autismo?
No. Para hablar de autismo se tienen que cumplir unos criterios comunes: dificultades en la comunicación y la interacción social, y patrones de conducta, intereses o actividades restringidos y repetitivos, entre los que se incluyen respuestas sensoriales poco habituales. Pero la forma en que eso se expresa es muy distinta en cada persona. Dos niños con autismo de la misma edad pueden no parecerse en nada.
Y al revés: casi todos compartimos alguna conducta «de autismo». A quien le molestan los cambios de planes, quien colecciona algo con pasión, quien no soporta ciertas texturas. Tener conductas parecidas no es tener autismo; para eso hay que cumplir los criterios. Si quieres el marco completo, empieza por qué es el autismo.
¿Cuáles son las conductas más habituales en el autismo?
- Rigidez y necesidad de rutinas: hacer las cosas siempre igual, por el mismo camino, en el mismo orden. Un cambio inesperado puede generar mucha angustia, porque la rutina da previsibilidad.
- Estereotipias: movimientos o sonidos repetitivos, como aletear las manos, balancearse, girar sobre sí mismo o repetir un sonido. Muchas veces sirven para autorregularse: calmarse, descargar nervios o expresar alegría.
- Intereses intensos: un tema que lo ocupa todo (trenes, dinosaurios, mapas, una serie). Pueden ser una fuente enorme de bienestar y una buena puerta para aprender.
- Respuestas sensoriales: taparse los oídos, rechazar alimentos por su textura, buscar presión, tocar o mirar ciertas cosas una y otra vez. Hay personas que reciben los estímulos con más intensidad y otras con menos.
- Evitación: no querer entrar en un sitio, levantarse de la mesa, esconderse. Suele indicar que algo de esa situación le supera.
¿Qué entra en juego en una conducta?
Ninguna conducta aparece de la nada. Cuando analizo una conducta me fijo en tres cosas:
- El antecedente: qué pasaba justo antes. Un cambio de planes, una orden, un ruido, cansancio, hambre, una espera.
- La función: para qué le sirve. Puede ser pedir algo, escapar de algo que le resulta difícil, llamar la atención de alguien, conseguir una sensación o calmarse.
- La consecuencia: qué ocurre después. Si cada vez que grita se le retira la tarea, aprende que gritar funciona, aunque nadie lo haya buscado.
A esto se suman dos factores que en el autismo pesan mucho. Lo sensorial: a veces la conducta es una respuesta a un estímulo que para él es insoportable, o la búsqueda de una sensación que necesita. Y la comunicación: cuando no hay una forma eficaz de decir «no quiero», «me duele» o «ayúdame», la conducta pasa a ser el mensaje.
Primero entender la función, luego decidir
Un error frecuente es intentar quitar una conducta sin saber para qué sirve. Si una conducta cumple una función y la eliminas sin más, la necesidad sigue ahí y suele aparecer otra conducta para cubrirla, a veces más difícil de manejar.
Mi enfoque, cognitivo-conductual y adaptado a cada persona, va por otro lado: entender la función, ajustar el entorno cuando se puede (anticipar, reducir estímulos, dar más estructura) y enseñar una alternativa que le sirva para lo mismo. Si un niño tira las cosas para que le dejen en paz, le enseño a pedir un descanso con una palabra, un gesto o un pictograma.
¿Hay que eliminar las estereotipias?
No, si no hacen daño. Las estereotipias que no dañan a la persona ni a otros, y que no le impiden aprender o participar, no hay que eliminarlas. Son su forma de regularse, y quitárselas es quitarle una herramienta.
Sí conviene intervenir cuando una conducta supone un riesgo (golpearse, morderse, hacerse heridas), cuando le aísla de forma importante o cuando ocupa tanto tiempo que no deja espacio para otras cosas. Incluso entonces, el objetivo no es que parezca neurotípico, sino que esté bien y pueda hacer su vida.
Cuando la conducta es una rabieta o una crisis
Las rabietas son quizá lo que más preocupa a las familias, y por eso tienen su propia página. Allí explico la diferencia entre una rabieta y una crisis por sobrecarga, y qué hacer antes, durante y después: lo tienes en rabietas y autismo.
Cómo trabajo las conductas en consulta
Empiezo con una valoración individualizada y con lo que me contáis de casa: cuándo pasa, dónde, con quién, qué ocurre después. A partir de ahí trabajo con la persona en consulta (comunicación, regulación emocional, flexibilidad, estimulación sensorial cuando hace falta) y con la familia, para que las pautas sean las mismas en casa y, si se puede, en el colegio.
Atiendo a familias de Pamplona y de otros puntos de Navarra, siempre de forma presencial. Si te interesa la parte de pautas para casa, lee sobre la orientación a familias.