Habilidades sociales

Rabietas en el autismo: qué hay detrás y cómo acompañarlas

Las rabietas son, muchas veces, lo que más preocupa y agota a las familias. Te cuento por qué aparecen, cómo distinguirlas de una crisis por sobrecarga y qué puedes hacer antes, durante y después, sin culpas.

¿Por qué las rabietas preocupan tanto a las familias?

Porque se viven en primera persona, a veces en la calle o en el supermercado, con gente mirando, y dejan a todos agotados. Muchas familias de Pamplona y de otras zonas de Navarra me cuentan que sienten que lo están haciendo mal. Quiero decirlo claro: que tu hijo tenga rabietas no significa que lo estés educando mal. Las rabietas en el autismo tienen explicación, y entenderlas es el primer paso para que haya menos.

¿Cuándo aparecen las rabietas?

Casi todos los niños pasan por una etapa de rabietas, más o menos entre los dos y los cuatro años, cuando quieren hacer cosas que todavía no pueden o no saben pedir. En niños con autismo pueden durar más, ser más intensas o aparecer en situaciones que a otros no les afectan. También pueden darse en adolescentes y adultos, sobre todo si hay mucha carga sensorial o emocional.

Suelen aparecer en momentos parecidos: cambios de planes o de actividad, esperas, transiciones (salir del parque, apagar la tableta), sitios con mucho ruido o mucha gente, cansancio, hambre, o cuando le pedimos algo que le cuesta.

¿Qué nos quieren decir con una rabieta?

Una rabieta es un medio de expresión más. Si tu hijo no puede decir con palabras «esto me supera», «no quiero irme», «me duele» o «no entiendo qué va a pasar», lo dice con el cuerpo. Por eso no conviene tomárselas como algo personal: no lo hace contra ti, lo hace porque es la forma que tiene ahora de comunicarlo.

Detrás de una rabieta suele haber dos componentes, a veces mezclados:

  • Conductual: la rabieta cumple una función, como pedir algo, evitar una tarea o protestar por un cambio. Si funciona, tiende a repetirse.
  • Sensorial: el entorno le está desbordando. Ruido, luces, olores, ropa que molesta, mucha gente cerca. Aquí no hay un «para qué»: hay un sistema nervioso al límite.

Lo explico con más detalle en la página sobre conductas y autismo.

Rabieta o crisis por sobrecarga: no es lo mismo

Muchas veces se llama rabieta a cualquier explosión, pero conviene distinguir:

  • Rabieta: tiene un objetivo, conseguir o evitar algo. Suele comprobar si le estás viendo, puede parar cuando consigue lo que quiere o cuando ve que no lo va a conseguir, y conserva cierto control sobre lo que hace.
  • Crisis por sobrecarga (en inglés, meltdown): es una reacción a estar desbordado por estímulos sensoriales, emociones o tensión acumulada. No busca nada ni depende de que haya público, y no puede pararla aunque quiera. Termina cuando el sistema nervioso se calma, y después suele quedar agotado.

La diferencia importa porque se acompañan de forma distinta. En una rabieta puedes mantener el límite con calma. En una crisis por sobrecarga no es momento de límites ni de enseñar nada: es momento de bajar la intensidad y esperar.

Qué hacer durante una rabieta o una crisis

  • Seguridad primero: aparta objetos peligrosos y, si se puede, llévale a un sitio más tranquilo.
  • Pocas palabras: frases cortas y siempre las mismas («estoy aquí», «cuando estés tranquilo hablamos»). Mucha explicación añade carga.
  • Espacio: algunos niños necesitan que no les toquen; otros buscan presión o un abrazo. Fíjate en lo que le ayuda a él.
  • Calma: tu tono de voz y tu ritmo le sirven de referencia. No hace falta que estés tranquilo por dentro; basta con que lo parezcas.
  • Menos estímulos: bajar la luz, quitar ruido, alejarse de la gente.

Qué hacer después y, sobre todo, antes

Después de la tormenta, primero descanso. Cuando ya esté bien, y si puede, repasad lo que pasó con apoyos visuales: qué ocurrió, cómo se sintió, qué puede hacer la próxima vez. Sin sermones ni castigos.

Donde más se gana es antes:

  • Anticipar: avisar de los cambios y de lo que va a pasar. Una agenda visual con pictogramas le dice qué viene ahora y qué después, y quita mucha incertidumbre.
  • Avisar de las transiciones: «cinco minutos más y nos vamos», con un reloj visual o una cuenta atrás.
  • Enseñar alternativas para pedir: una palabra, un gesto o un pictograma para «quiero», «ayuda» o «descanso».
  • Enseñar a decir que no: parece contradictorio, pero un niño que puede decir «no» de una forma aceptada necesita menos rabietas para decirlo.
  • Cuidar lo sensorial: cascos para el ruido, ropa cómoda, evitar las horas de más gente cuando se pueda.

Las historias sociales también ayudan a preparar situaciones concretas, como ir al médico o a un cumpleaños.

Cómo trabajo las rabietas en consulta

Empiezo con una valoración individualizada para entender qué hay detrás de las rabietas de tu hijo: qué las provoca, qué función cumplen, qué peso tiene lo sensorial. Con él trabajo la comunicación, las emociones y la regulación; contigo, pautas concretas para casa, adaptadas a vuestra rutina. El trabajo con la familia es una parte importante, y lo explico en orientación a familias.

Preguntas frecuentes

Lo que más me preguntan

¿Las rabietas son culpa de cómo educo a mi hijo?

No. En el autismo las rabietas suelen tener que ver con dificultades para comunicarse, con lo sensorial o con la necesidad de anticipar. Lo que sí podemos hacer es buscar juntos estrategias para que haya menos y sean más cortas.

¿Tengo que ignorar las rabietas?

Depende. Si es una rabieta para conseguir algo, a veces conviene no reforzarla: mantener la calma y el límite sin dejar de estar presente. Si es una crisis por sobrecarga, no hay que ignorarla: hay que bajar estímulos y acompañar.

¿Las rabietas desaparecen con la edad?

Suelen cambiar. Con herramientas de comunicación, anticipación y regulación, muchas familias ven que son menos frecuentes y menos intensas. Las crisis por sobrecarga pueden seguir apareciendo en adultos si el entorno les desborda.

¿Qué es una agenda visual?

Es una secuencia de imágenes o pictogramas que muestra lo que va a pasar a lo largo del día o de una actividad. Ayuda a anticipar y reduce la incertidumbre que provoca muchas rabietas.

¿Las rabietas os están desbordando?

Pide cita y buscamos juntos qué hay detrás y qué podéis hacer en casa. Trabajo de forma presencial en mi consulta; cuando pidas cita te digo cómo llegar.

848 86 43 03

Si estoy en sesión y no puedo cogerlo, deja tu nombre y teléfono y te llamo en cuanto termine. Las sesiones son presenciales, en mi consulta: al darte cita te explico cómo llegar.

Recibido. Te llamo lo antes posible para darte cita.