¿Qué son las historias sociales?
Las historias sociales son textos breves, apoyados en imágenes, que explican de forma visual los pasos e instrucciones de una rutina, una actividad o cualquier proceso de la vida diaria: qué va a ocurrir, en qué orden, quién estará y qué se puede hacer. La idea la desarrolló Carol Gray, una maestra estadounidense, a principios de los años noventa, y hoy son una de las herramientas más usadas con personas con autismo.
Cuando una familia de Pamplona o de cualquier punto de Navarra me pregunta por historias sociales y autismo, le explico que no son un cuento para entretener: son una forma de dar información social que a la persona le cuesta captar por sí sola.
¿Para qué sirven las historias sociales en autismo?
Muchas personas con autismo viven con angustia lo imprevisto. No saber qué va a pasar, o no entender qué esperan los demás, puede acabar en bloqueos o en rabietas. Una historia social ayuda a:
- Anticipar situaciones nuevas o que generan ansiedad.
- Entender por qué la gente actúa de cierta manera, algo muy ligado a la teoría de la mente (la capacidad de ponerse en el lugar del otro).
- Aprender los pasos de una rutina nueva.
- Prevenir conductas que aparecen por no saber qué hacer en ese momento.
Ejemplos de situaciones para una historia social
Casi cualquier situación puede tener su historia. Las que más preparo:
- Ir al médico o al dentista: la sala de espera, que te llamen, que te miren la garganta o te pongan una vacuna.
- Cortarse el pelo: la capa, el ruido de la máquina, el agua, los pelos que pican. Aquí lo sensorial pesa mucho.
- Un cumpleaños: mucha gente, ruido, cantar, esperar para soplar las velas, que los regalos sean para otro niño.
- Cambiar de colegio o empezar curso: el edificio nuevo, la profesora nueva, dónde se cuelga la mochila.
- Un viaje, una mudanza o la llegada de un hermano.
- Situaciones sociales del día a día: esperar turno, perder en un juego, saludar.
Cómo se escribe una buena historia social
No basta con poner pasos en orden. Lo que hace que una historia social funcione es cómo está escrita:
- Desde su perspectiva. Normalmente en primera persona («Mañana voy a cortarme el pelo»), como si la contara él.
- Sobre todo, frases descriptivas. Que cuenten qué pasa, dónde, quién y por qué: «En la peluquería hay espejos y sillas que suben y bajan».
- En positivo. Mejor «Intento quedarme sentado» que «No me muevo». Lo que buscas es que sepa qué hacer, no lo que no debe hacer.
- Pocas instrucciones. Una o dos frases que digan qué puede hacer. Si la historia se llena de órdenes, deja de ser una explicación y se convierte en una lista de normas.
- Lo que sienten los demás. «A la peluquera le gusta que esté tranquilo». Ayuda a ponerse en el lugar del otro.
- Sin promesas que no puedes cumplir. Usa «a veces», «normalmente» o «puede que», porque la realidad cambia.
- Imágenes a su nivel: fotos reales, fotos con pictogramas o solo pictogramas, según lo que entienda.
Cómo se usan y cuándo se retiran
Una historia social se lee con calma, cuando la persona está tranquila, nunca en mitad de una crisis. Lo ideal es leerla varias veces en los días previos a la situación y otra vez justo antes. Puede estar impresa, en una carpeta, en el móvil o pegada en la nevera.
Cuando la situación ya es conocida y la vive sin angustia, la historia se va espaciando: primero se lee solo antes del momento, luego de vez en cuando, hasta que deja de hacer falta. Algunas personas la guardan o la vuelven a pedir si algo cambia. Si al retirarla reaparece la ansiedad, se vuelve un paso atrás sin problema.
Historias sociales y secuencias: no son lo mismo
Se parecen, pero tienen funciones distintas. Una secuencia muestra en orden los pasos de una tarea (primero esto, luego esto) y sirve para ganar autonomía en rutinas. Una historia social añade contexto: explica por qué, qué sentirán los demás y cómo puede actuar. A menudo las combino.
Si buscas secuencias ya hechas, en mi otra web tienes, por ejemplo, la secuencia para vestirse y desvestirse, la secuencia para ir al baño o la de cruzar un paso de cebra. Todas están en la sección de secuencias con pictogramas.
¿Por qué adaptar la historia social a cada persona?
Una historia social funciona cuando está escrita para una persona concreta y para su situación concreta. Una historia genérica sobre ir al dentista puede no servir si tu hija tiene miedo al sillón y no a la sala de espera, o si lo que le altera es el olor. Por eso en consulta las preparo a medida: con su nombre, con fotos de los lugares reales cuando se puede, con su nivel de lenguaje y poniendo el foco en lo que de verdad le preocupa.
Funcionan con niños, con adolescentes y también con adultos con autismo, ajustando el formato a la edad.